Una revisión sistemática con metaanálisis de 21 cohortes observacionales emparejadas por puntaje de propensión (n=169.455) encontró que, en pacientes que requieren una tomografía computarizada, el uso de contraste yodado intravenoso no se asoció con un mayor riesgo de lesión renal aguda (LRA) frente a la tomografía sin contraste (OR 0,97; IC95% 0,85–1,11). Tampoco se observaron diferencias en la necesidad de diálisis ni en la mortalidad. Sin embargo, los resultados sobre lesión renal aguda variaron considerablemente entre los estudios (I²=90%) y, en pacientes con una tasa de filtración glomerular estimada ≤30 mL/min/1,73 m², se observó una asociación con mayor riesgo. Por tanto, se sugiere individualizar la decisión de administrar contraste, balanceando su potencial para optimizar la calidad y el rendimiento diagnóstico de la imagen, facilitar la identificación oportuna de condiciones clínicas relevantes y orientar su tratamiento, frente a un riesgo de LRA que no parece estar aumentado en la mayoría de los pacientes.
Certeza en la evidencia:Lesión renal aguda: Muy baja (⨁◯◯◯), por riesgo serio de sesgo e inconsistencia Necesidad de diálisis: Muy baja (⨁◯◯◯), por riesgo serio de sesgo e imprecisión Mortalidad: Baja (⨁⨁◯◯), por riesgo serio de sesgo
Otros mensajes clave
- La revisión evaluó medios de contraste modernos: el 70% de los estudios utilizó contraste de baja osmolaridad, 5% contraste isoosmolar y 25% una combinación de ambos. Los resultados no deben extrapolarse a medios de alta osmolaridad ni a la administración intraarterial.
- Cuando se presenta LRA después de administrar contraste yodado, deben considerarse otras causas clínicas antes de atribuirla directamente al contraste. La proximidad temporal permite denominarla LRA asociada al contraste, pero no demuestra que haya sido inducida por este.
Es importante saber lo que no se conoce
- No se conoce el riesgo renal asociado con exposiciones repetidas o acumulativas en periodos cortos, porque la revisión excluyó cohortes con múltiples tomografías durante las 72 horas posteriores al estudio inicial.
- No se conoce suficientemente la gravedad ni la persistencia de la lesión renal, porque la mayoría de los estudios no presentó los resultados por estadio de LRA y utilizó periodos variables para medir la creatinina después de la tomografía.
Antecedentes
La tomografía computarizada con contraste yodado intravenoso mejora la visualización de órganos, estructuras vasculares y procesos inflamatorios, y puede ser indispensable para diagnosticar oportunamente condiciones graves como disección aórtica, embolia pulmonar, sangrado activo o isquemia mesentérica (1). Sin embargo, el temor a producir lesión renal aguda (LRA) ha llevado históricamente a restringir o retrasar su administración, especialmente en pacientes con enfermedad renal crónica o LRA preexistente. Esta precaución puede generar estudios de menor calidad diagnóstica, demorar la identificación de enfermedades potencialmente graves y retrasar el inicio de intervenciones necesarias (1,2).
Los primeros reportes de nefrotoxicidad estuvieron relacionados con medios de contraste de alta osmolaridad, utilizados décadas atrás y posteriormente reemplazados para la administración intravenosa por agentes de baja osmolaridad e isoosmolares. Los contrastes de baja osmolaridad continúan siendo hiperosmolares respecto al plasma, mientras que los isoosmolares presentan una osmolaridad semejante a la plasmática, aunque tienen mayor viscosidad. Estos cambios podrían haber modificado el perfil de seguridad renal respecto a las formulaciones antiguas; sin embargo, la magnitud del riesgo atribuible a los agentes modernos y la existencia de diferencias clínicamente relevantes entre los contrastes de baja e isoosmolaridad continúan siendo objeto de debate (2). En consecuencia, la evidencia obtenida con formulaciones antiguas puede no representar adecuadamente el riesgo asociado con los contrastes utilizados actualmente. También es necesario analizar por separado la administración intravenosa utilizada en tomografía y la administración intraarterial empleada en procedimientos como la angiografía coronaria, ya que esta última ocurre en un contexto clínico y procedimental diferente, con mecanismos adicionales que pueden contribuir a la lesión renal (2).
También es fundamental diferenciar la LRA asociada al contraste, definida por su aparición temporal después de la administración, de la LRA inducida por contraste, en la que se atribuye una relación causal al medio yodado (2,3). Además, los estudios utilizaron definiciones heterogéneas de LRA, como AKIN, KDIGO, RIFLE y criterios tradicionales de nefropatía inducida por contraste, basadas principalmente en cambios de la creatinina sérica. Estos cambios reflejan una alteración de la función renal, pero no permiten determinar por sí solos si existe daño renal estructural o persistente. La creatinina puede fluctuar espontáneamente durante una enfermedad aguda, y la LRA puede estar relacionada con sepsis, hipovolemia, hipotensión, alteraciones de la perfusión renal, insuficiencia cardiaca o exposición concomitante a otros agentes nefrotóxicos (2,4). En consecuencia, la aparición de LRA después de una tomografía contrastada no demuestra por sí sola que el contraste haya sido su causa.
Metaanálisis previos no han identificado una asociación clara entre el contraste intravenoso y un mayor riesgo de LRA, necesidad de terapia de reemplazo renal o mortalidad. No obstante, sus conclusiones proceden principalmente de estudios observacionales y presentan limitaciones relacionadas con la heterogeneidad de las poblaciones, las definiciones de LRA y los periodos utilizados para medir la creatinina (4,5). Realizar un ensayo clínico que asigne el uso de contraste únicamente para estudiar un posible daño renal sería difícil y éticamente problemático. La investigación observacional también enfrenta confusión por indicación: los pacientes con enfermedades más graves, quienes tienen un mayor riesgo inicial de LRA, pueden requerir con mayor frecuencia estudios contrastados; al mismo tiempo, los pacientes con peor función renal pueden ser seleccionados preferentemente para estudios sin contraste. Ante estas limitaciones, los diseños comparativos y los métodos estadísticos contemporáneos permiten mejorar el equilibrio de las características clínicas medidas entre los grupos, aunque no eliminan la confusión por variables no registradas. Por tanto, este Recado explora la evidencia obtenida mediante estos enfoques para estimar el riesgo renal asociado con el contraste yodado intravenoso.
Información en la que se basa este Recado
La estrategia de búsqueda, realizada en septiembre de 2026, incluyó términos relacionados con intravenous iodinated contrast media, contrast-enhanced computed tomography, acute kidney injury, renal replacement therapy, dialysis y mortality en Medline/PubMed. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis y estudios observacionales comparativos. La búsqueda se complementó mediante referencias cruzadas y consultas en las herramientas de inteligencia artificial Consensus y Elicit (6,7).
Entre la evidencia identificada destacaron los metaanálisis de Aycock et al. y Obed et al.; estudios comparativos en pacientes con enfermedad renal crónica o lesión renal aguda preexistente, como los de McDonald et al., Kene et al. y Yan et al.; y estudios posteriores realizados en pacientes que requirieron ingreso urgente, personas críticamente enfermas y pacientes hospitalizados con lesión renal aguda, como los de Hisamune et al., Berglund et al. y Bnaya et al. (8–15).
Se seleccionó la revisión sistemática con metaanálisis de Obed et al. para este Recado por su relación directa con la pregunta clínica, el número de participantes, la evaluación de desenlaces clínicamente relevantes y la inclusión exclusiva de cohortes que utilizaron emparejamiento por puntaje de propensión (9). La revisión siguió las recomendaciones PRISMA. Los autores realizaron búsquedas en Cochrane Library y Medline, desde el inicio de cada base de datos hasta noviembre de 2021, sin restricciones por fecha de publicación. También revisaron las referencias de los artículos elegibles y de revisiones relacionadas. La selección se restringió a publicaciones en inglés y el protocolo fue registrado prospectivamente (9).
Se incluyeron estudios de cohortes con pacientes que hubieran recibido una tomografía computarizada con contraste yodado intravenoso y un grupo comparador sometido a tomografía sin contraste. Todos los estudios debían utilizar puntajes de propensión para emparejar los grupos (ver nota metodológica). Se excluyeron los estudios sin comparador, aquellos que evaluaron la administración intraarterial de contraste, las cohortes con múltiples tomografías realizadas dentro de las 72 horas posteriores al examen inicial y las publicaciones que no aportaran información sobre LRA, diálisis o mortalidad.
El desenlace principal fue la LRA, definida según los criterios empleados en cada estudio. Los desenlaces secundarios fueron la necesidad de diálisis y la mortalidad. Los autores calcularon odds ratios (OR) agrupados con intervalos de confianza del 95% mediante un modelo de efectos aleatorios, y evaluaron la heterogeneidad mediante el estadístico I². Además, exploraron posibles fuentes de variabilidad según la función renal basal, la presencia de hipertensión o diabetes, la edad, el contexto clínico y las características del contraste utilizado (9).
Nota metodológica: el puntaje de propensión estima, a partir de las características registradas, la probabilidad de que un paciente reciba contraste. El emparejamiento busca comparar pacientes con probabilidades similares de recibirlo, pero que finalmente fueron estudiados mediante tomografía contrastada o sin contraste. Este método puede mejorar el equilibrio entre los grupos respecto a las variables medidas y reducir parcialmente la confusión por indicación. Sin embargo, no elimina la confusión relacionada con variables no registradas, medidas de manera inadecuada o excluidas del modelo, generando confusión residual.
Resultados
La revisión incluyó 21 cohortes observacionales con 169.455 pacientes. Las poblaciones fueron heterogéneas e incluyeron pacientes hospitalizados, atendidos en urgencias, críticamente enfermos, con enfermedad renal crónica, sepsis, cáncer o LRA preexistente. La mayoría de los estudios utilizó emparejamiento 1:1 y evaluó contrastes de baja osmolaridad. En cuanto al tipo de contraste, 14 estudios (70%) utilizaron agentes de baja osmolaridad, uno (5%) empleó contraste isoosmolar y cinco (25%) una combinación de ambos; un estudio no especificó la osmolaridad y ninguno informó el uso de contraste de alta osmolaridad. Las definiciones y los periodos utilizados para identificar la LRA variaron entre los estudios. La Tabla 1 resume los principales resultados sobre LRA, necesidad de diálisis y mortalidad.
Tabla 1. Asociación entre el uso de contraste yodado intravenoso y los desenlaces clínicos
| Desenlace | Eventos/pacientes (%) | OR (IC95%) | p | Heterogeneidad | |
|---|---|---|---|---|---|
| Con contraste | Sin contraste | ||||
| Lesión renal aguda | 7.425/60.367 (12.3%) |
7.346/51.980 (14.1%) |
0,97 (0,85–1,11) | 0,64 | I²=90,1% |
| Necesidad de diálisis | 729/18.493 (3.9%) |
788/11.202 (7.0%) |
0,97 (0,75–1,25) | 0,81 | No reportada |
| Mortalidad | 1.649/20,866 (20.5%) |
1751/20,866 (8.4%) |
0,94 (0,86–1,03) | 0,18 | No reportada |
| IC95%: intervalo de confianza del 95%; OR: odds ratio. Los valores inferiores a 1 favorecen a la tomografía contrastada. |
|||||
Los resultados sobre LRA presentaron una heterogeneidad considerable, lo que indica que la magnitud y dirección de las asociaciones variaron entre los estudios. Las cohortes utilizaron diferentes definiciones y periodos de medición de creatinina, desde las primeras 24 horas hasta un mes después de la tomografía. Además, la mayoría no informó la gravedad de la LRA por estadios ni realizó un seguimiento renal uniforme y prolongado, lo que limitó la evaluación de la severidad, la reversibilidad y la persistencia del deterioro renal.
En el análisis de pacientes con una tasa de filtración glomerular estimada ≤30 mL/min/1,73 m², la LRA ocurrió en el 19% de quienes recibieron contraste y en el 15% de los controles, con una asociación estadísticamente significativa (OR 1,68; IC95% 1,29–2,19; p=0,0001; I²=42%). Esto correspondió a una diferencia absoluta no ajustada de 4 puntos porcentuales. La metarregresión también mostró que una mayor proporción de pacientes con hipertensión se asociaba con estimaciones menos favorables para el contraste (p=0,03). Las demás variables exploradas no mostraron asociaciones estadísticamente significativas con la variabilidad observada.
Información sobre la evidencia que soporta este Recado
Luego de aplicar la herramienta AMSTAR-2 (16), se consideró que la revisión sistemática tenía confianza baja. Entre sus fortalezas se encuentran el registro prospectivo del protocolo, la selección y extracción de datos por varios revisores, la restricción a cohortes emparejadas mediante puntaje de propensión, el uso de modelos de efectos aleatorios y la exploración de la heterogeneidad y del sesgo de publicación. No obstante, los hallazgos de la metarregresión deben considerarse exploratorios y generadores de hipótesis, dado que se basaron en características agregadas de un número limitado de estudios y no permiten establecer asociaciones causales ni identificar factores de riesgo individuales. Además, la búsqueda tuvo una cobertura limitada y se restringió a publicaciones en inglés; tampoco se proporcionó una lista de los estudios excluidos después de la revisión del texto completo con sus respectivas justificaciones (Anexo 1). La escala Newcastle-Ottawa clasificó todos los estudios primarios incluidos con bajo riesgo de sesgo
Según la metodología GRADE (17), la certeza fue muy baja para LRA, por riesgo serio de sesgo e inconsistencia; muy baja para necesidad de diálisis, por riesgo serio de sesgo e imprecisión; y baja para mortalidad, por riesgo serio de sesgo. La ausencia de aleatorización, la posible confusión residual y la variabilidad en las definiciones y los periodos de medición de la LRA disminuyen la confianza en que las estimaciones representen un efecto causal del contraste (Anexo 2).
Unidad de Síntesis y Transferencia de Conocimiento
Correspondencia: udstransferencia@lacardio.org
Créditos: Javier González* ; José D. Cruz*; Karen Moreno**; Juan Camilo Castellanos**; Juan Camilo Caro+
(*)Desarrollo, (**)Edición, (+)Diseminación
Referencias
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- Davenport MS, Perazella MA, Yee J, Dillman JR, Fine D, McDonald RJ, et al. Use of intravenous iodinated contrast media in patients with kidney disease: consensus statements from the American College of Radiology and the National Kidney Foundation. Radiology. 2020;294(3):660-668. doi:10.1148/radiol.2019192094.
- Perazella MA. Is intravenous contrast-associated acute kidney injury a significant problem and are risk scores useful? Kidney360. 2025;6(1):9-11. doi:10.34067/KID.0000000636.
- McDonald RJ, McDonald JS, Bida JP, Carter RE, Fleming CJ, Misra S, et al. Intravenous contrast material-induced nephropathy: causal or coincident phenomenon? Radiology. 2013;267(1):106-118. doi:10.1148/radiol.12121823.
- Ehrmann S, Quartin A, Hobbs BP, Robert-Edan V, Cely C, Bell C, et al. Contrast-associated acute kidney injury in the critically ill: systematic review and Bayesian meta-analysis. Intensive Care Med. 2017;43(6):785-794. doi:10.1007/s00134-017-4700-9.
- Consensus. Consensus: AI-powered academic search engine https://consensus.app/search/.
- Elicit. Elicit: AI for scientific research https://elicit.com/.
- Aycock RD, Westafer LM, Boxen JL, Majlesi N, Schoenfeld EM, Bannuru RR. Acute kidney injury after computed tomography: a meta-analysis. Ann Emerg Med. 2018;71(1):44-53.e4. doi:10.1016/j.annemergmed.2017.06.041.
- Obed M, Gabriel MM, Dumann E, Vollmer Barbosa C, Weißenborn K, Schmidt BMW. Risk of acute kidney injury after contrast-enhanced computerized tomography: a systematic review and meta-analysis of 21 propensity score-matched cohort studies. Eur Radiol. 2022;32(12):8432-8442. doi:10.1007/s00330-022-08916-y.
- McDonald JS, McDonald RJ, Lieske JC, Carter RE, Katzberg RW, Williamson EE, et al. Risk of acute kidney injury, dialysis, and mortality in patients with chronic kidney disease after intravenous contrast material exposure. Mayo Clin Proc. 2015;90(8):1046-1053. doi:10.1016/j.mayocp.2015.05.016.
- Kene M, Arasu VA, Mahapatra AK, Huang J, Reed ME. Acute kidney injury after CT in emergency patients with chronic kidney disease: a propensity score-matched analysis. West J Emerg Med. 2021;22(3):614-622. doi:10.5811/westjem.2021.1.50246.
- Yan P, Zhang NY, Luo X, Wang M, Deng YH, Wu T, et al. Is intravenous iodinated contrast medium administration really harmful in hospitalized acute kidney injury patients: a propensity score-matched study. Eur Radiol. 2022;32(2):1163-1172. doi:10.1007/s00330-021-08192-2.
- Hisamune R, Yamakawa K, Umemura Y, Ushio N, Mochizuki K, Inokuchi R, et al. Association between IV contrast media exposure and acute kidney injury in patients requiring emergency admission: a nationwide observational study in Japan. Crit Care Explor. 2024;6(9):e1142. doi:10.1097/CCE.0000000000001142.
- Berglund F, Eilertz E, Nimmersjö F, Wolf A, Nordlander C, Palm F, et al. Acute and long-term renal effects after iodine contrast media-enhanced computerised tomography in the critically ill: a retrospective bi-centre cohort study. Eur Radiol. 2024;34(3):1736-1745. doi:10.1007/s00330-023-10059-7.
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