Entre el trabajo, el estudio, las responsabilidades económicas, la vida familiar y la sensación de tener que estar siempre disponible, el estrés puede convertirse en parte habitual de la vida de una persona joven. Lo que muchas veces se percibe como algo exclusivamente emocional también genera respuestas físicas: el corazón late más rápido, aumenta la presión arterial y el organismo entra en estado de alerta.
El problema no está en sentir estrés ocasionalmente. La preocupación aparece cuando esta respuesta se mantiene durante semanas o meses y empieza a afectar de manera sostenida al organismo y a los hábitos que protegen la salud cardiovascular.
El estrés no solo “acelera el corazón”
Ante una situación estresante, el sistema nervioso simpático activa la respuesta de “lucha o huida” y aumenta la liberación de hormonas como la adrenalina. Como consecuencia, se incrementan temporalmente la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
Cuando el estrés se vuelve crónico, esta activación puede repetirse de manera persistente. La evidencia científica relaciona el estrés y otros factores psicológicos con mecanismos biológicos, conductuales y psicológicos que pueden influir en la salud cardiovascular, incluyendo alteraciones de la regulación autonómica, inflamación y presión arterial.
Además, el impacto puede ser indirecto: dormir mal, fumar, comer de manera poco saludable, disminuir la actividad física o tener dificultades para mantener tratamientos también pueden aumentar el riesgo cardiovascular.
Dr. Miguel Ronderos, líder médico de cardiología pediátrica de LaCardio, “Muchas veces pensamos que por ser jóvenes estamos protegidos frente a las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, la salud del corazón se construye desde edades tempranas. El estrés sostenido, especialmente cuando se acompaña de alteraciones en el sueño, sedentarismo o hábitos poco saludables, puede convertirse en un factor que debemos reconocer y atender oportunamente.”
¿Por qué importa si soy joven?
Ser joven no elimina los factores de riesgo cardiovascular. La prevención comienza mucho antes de que aparezca una enfermedad.
La presión arterial, el colesterol, la glucosa, el tabaquismo, el sedentarismo, los antecedentes familiares, el sueño y los factores psicosociales forman parte de una valoración integral del riesgo. Las guías europeas de prevención cardiovascular recomiendan considerar estas características de manera individual para orientar las estrategias de prevención.
Además, investigaciones en población joven han encontrado que niveles elevados de estrés durante etapas tempranas de la vida pueden asociarse con factores de riesgo cardiometabólico, como presión arterial elevada y obesidad, en la adultez.
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¿Y las palpitaciones?
Sentir que el corazón late más rápido o con mayor fuerza puede ocurrir durante momentos de estrés debido a la activación del sistema nervioso. Sin embargo, no todas las palpitaciones deben atribuirse al estrés.
Si son nuevas, frecuentes o persistentes, o aparecen junto con dolor u opresión en el pecho, falta de aire, mareo, desmayo o una disminución marcada de la capacidad para realizar actividades habituales, es importante buscar valoración médica. Si los síntomas son intensos o aparecen de forma súbita, se debe acudir a urgencias.
La clave está en no asumir que un síntoma tiene una única explicación: el contexto clínico determina cuándo basta con observar y cuándo es necesario estudiar el corazón.
¿Qué puedo hacer para proteger mi corazón?
Manejar el estrés no significa eliminar todas las situaciones difíciles. Significa desarrollar herramientas para evitar que permanezca en un estado de activación constante.
Dormir adecuadamente, realizar actividad física regular, mantener una alimentación saludable, evitar el tabaco y conocer factores como la presión arterial, el colesterol y la glucosa son acciones importantes dentro de la prevención cardiovascular.
También es importante reconocer que la salud cardiovascular y la salud psicológica están conectadas. La American Heart Association señala que los factores psicológicos pueden influir en la salud cardiovascular y que la atención debe considerar a la persona de manera integral, no únicamente la enfermedad.
La salud del corazón también se cuida antes de que aparezca una enfermedad
Nuestra experiencia clínica y científica permite integrar síntomas, antecedentes, factores de riesgo y, cuando está indicado, estudios diagnósticos para orientar una evaluación cardiovascular individualizada.
Cuando un caso requiere diferentes perspectivas, nuestro Heart Team reúne la experiencia de distintas especialidades para analizar al paciente de manera integral y tomar decisiones sustentadas en conocimiento médico.
Porque conocer cómo está nuestro corazón también nos da herramientas para cuidarlo mejor.
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