Los antibióticos hicieron posible la medicina moderna, pero su uso inadecuado está acelerando la aparición de bacterias resistentes. Comprender cuándo utilizarlos y cuándo no hacerlo es una de las mejores formas de proteger la salud de todos.
Una cirugía de corazón, un trasplante, una cesárea, una quimioterapia o incluso el tratamiento de una neumonía dependen de que los antibióticos sigan siendo efectivos. Sin embargo, hoy la medicina enfrenta un desafío que amenaza décadas de avances científicos: cada vez existen más bacterias capaces de resistir los medicamentos diseñados para eliminarlas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la resistencia antimicrobiana una de las diez principales amenazas para la salud pública mundial. En 2019, se estimó que cerca de cinco millones de muertes estuvieron asociadas con infecciones causadas por bacterias resistentes, de las cuales alrededor de 1,27 millones fueron atribuibles directamente a este fenómeno.
Aunque suele percibirse como un problema exclusivo de hospitales o unidades de cuidados intensivos, la resistencia antimicrobiana puede afectar a cualquier persona y comprometer tratamientos que hoy damos por sentados. Combatirla requiere un esfuerzo conjunto entre profesionales de la salud, instituciones y pacientes.
Los antibióticos cambiaron la historia de la medicina… y hoy debemos protegerlos
Antes de la llegada de los antibióticos, infecciones que hoy parecen comunes podían ser mortales. La neumonía, las infecciones de heridas o una simple apendicitis representaban un alto riesgo para la vida.
El desarrollo de las sulfonamidas en la década de 1930 marcó el inicio de la terapia antimicrobiana moderna. Poco después, la producción masiva de penicilina durante la Segunda Guerra Mundial transformó el tratamiento de las infecciones bacterianas y permitió salvar millones de vidas.
Este avance impulsó el desarrollo de nuevos antibióticos y abrió el camino para procedimientos que hoy dependen de ellos, como los trasplantes de órganos, la cirugía cardiovascular, la atención de pacientes críticos, la quimioterapia o el manejo de recién nacidos prematuros.
Paradójicamente, la primera advertencia sobre el riesgo de perder esta herramienta surgió del propio Alexander Fleming, quien alertó que el uso inadecuado de la penicilina favorecería la aparición de bacterias resistentes.
Décadas después, esa advertencia se convirtió en una realidad.
¿Qué es la resistencia antimicrobiana?
La resistencia antimicrobiana ocurre cuando los microorganismos —especialmente las bacterias— desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a medicamentos diseñados para eliminarlos.
Se trata de un fenómeno biológico natural. Las bacterias evolucionan constantemente y, mediante mutaciones o el intercambio de material genético entre ellas, pueden adquirir características que las hacen resistentes a determinados antibióticos.
Este proceso se acelera cuando los antibióticos se utilizan de manera inadecuada. Cada vez que una persona recibe un antibiótico innecesario, en una dosis incorrecta o durante más tiempo del indicado, se genera una presión selectiva: las bacterias más sensibles mueren, mientras que aquellas con mecanismos de resistencia sobreviven, se multiplican y pueden transmitir esa capacidad a otras bacterias.
Entre los mecanismos más frecuentes de resistencia se encuentran:
- Producción de enzimas que destruyen el antibiótico antes de que actúe.
- Modificación del sitio donde el medicamento ejerce su efecto.
- Disminución de la entrada del antibiótico al interior de la bacteria.
- Sistemas de expulsión activa que eliminan el medicamento antes de que alcance concentraciones efectivas.
Como consecuencia, infecciones que antes podían tratarse con facilidad requieren medicamentos más complejos, tratamientos prolongados e incluso pueden llegar a no tener opciones terapéuticas disponibles.
«Los antibióticos son uno de los recursos más valiosos de la medicina moderna. Cada vez que se utilizan sin indicación médica o de manera inadecuada aumentamos la presión sobre las bacterias y favorecemos la aparición de mecanismos de resistencia que pueden comprometer tratamientos futuros, no solo para un paciente, sino para toda la comunidad.», Dr. Álvaro Arango, Líder Médico de Infectología de LaCardio.
¿Por qué la resistencia antimicrobiana preocupa tanto a hospitales de alta complejidad?
La resistencia bacteriana no solo dificulta el tratamiento de infecciones comunes. También pone en riesgo procedimientos médicos que dependen de antibióticos eficaces para prevenir o tratar infecciones graves.
En instituciones de alta complejidad como LaCardio, los antibióticos son fundamentales para proteger a pacientes sometidos a:
- Cirugía cardiovascular.
- Trasplantes de órganos.
- Implante de dispositivos cardíacos.
- Atención en unidades de cuidado intensivo.
- Tratamientos oncológicos.
- Soporte con ECMO y otras terapias avanzadas.
- Atención neonatal especializada.
Cuando una bacteria desarrolla resistencia, aumenta el riesgo de complicaciones, prolonga la estancia hospitalaria, incrementa los costos de atención y limita las alternativas terapéuticas disponibles.
Por eso, preservar la eficacia de estos medicamentos es también una estrategia de seguridad del paciente.
En LaCardio promovemos el uso racional de los antibióticos mediante equipos especializados en infectología y programas de optimización que buscan ofrecer el tratamiento más adecuado para cada paciente.
¿Por qué ocurre este problema?
La resistencia bacteriana forma parte de la evolución natural de los microorganismos, pero ciertas conductas aceleran considerablemente este proceso.
Entre las principales se encuentran:
- Automedicarse con antibióticos.
- Utilizarlos para tratar enfermedades virales como la gripe o la mayoría de los resfriados.
- Suspender el tratamiento antes del tiempo indicado porque los síntomas mejoraron.
- Compartir medicamentos con familiares o amigos.
- Guardar antibióticos sobrantes para utilizarlos posteriormente.
- Prescribir antibióticos cuando no existe una indicación clínica clara.
- El uso inadecuado de antimicrobianos en algunos sectores de producción animal.
Cada una de estas prácticas favorece la selección de bacterias resistentes y contribuye a que el problema siga creciendo.
¿Cómo decide un infectólogo qué antibiótico utilizar?
Elegir un antibiótico va mucho más allá de identificar una infección.
Antes de iniciar un tratamiento, el especialista analiza aspectos como:
- El sitio donde se encuentra la infección.
- Las bacterias más frecuentes según el contexto clínico.
- La epidemiología local y los patrones de resistencia del hospital.
- Los resultados de cultivos y antibiogramas cuando están disponibles.
- La función renal y hepática del paciente.
- Sus antecedentes médicos, alergias y tratamientos previos.
Este análisis permite seleccionar el antibiótico más efectivo, con la dosis correcta, durante el tiempo necesario y con el menor riesgo de favorecer resistencia bacteriana.
La importancia de los programas de optimización del uso de antibióticos
Ante el aumento de bacterias resistentes, hospitales de todo el mundo han implementado los Programas de Optimización del Uso de Antimicrobianos (PROA), conocidos internacionalmente como Antimicrobial Stewardship Programs.
Estos programas reúnen a infectólogos, farmacéuticos, microbiólogos, epidemiólogos, intensivistas y profesionales de enfermería para garantizar que cada paciente reciba:
- El antibiótico correcto.
- Solo cuando realmente lo necesita.
- En la dosis adecuada.
- Por la vía de administración indicada.
- Durante el tiempo estrictamente necesario.
La evidencia demuestra que estos programas mejoran los desenlaces clínicos, disminuyen los eventos adversos, reducen la aparición de bacterias resistentes y optimizan el uso de los recursos en salud.
¿Qué pueden hacer los pacientes?
Combatir la resistencia antimicrobiana también depende de las decisiones que tomamos como pacientes.
Puedes contribuir si:
- Nunca te automedicas con antibióticos.
- No los solicitas cuando el profesional de salud considera que no son necesarios.
- Sigues exactamente la dosis y la duración del tratamiento prescritas.
- No compartes medicamentos.
- No utilizas antibióticos que sobraron de tratamientos anteriores.
- Consultas siempre a un profesional de la salud cuando sospechas una infección.
Proteger los antibióticos es proteger el futuro de la medicina
La resistencia antimicrobiana ya no es una amenaza del futuro; es una realidad que condiciona diariamente las decisiones clínicas en hospitales de todo el mundo.
Preservar la eficacia de los antibióticos significa proteger mucho más que el tratamiento de una infección. Significa garantizar que procedimientos como un trasplante, una cirugía cardiovascular, una quimioterapia o la atención de un recién nacido continúen siendo seguros en los próximos años.
Cada prescripción responsable, cada programa de optimización y cada paciente que evita la automedicación ayudan a conservar uno de los mayores avances de la medicina moderna.
En LaCardio trabajamos con equipos especializados en Infectología y Programas de Optimización del Uso de Antimicrobianos para ofrecer tratamientos seguros, efectivos y basados en la mejor evidencia científica. Si tienes dudas sobre el uso de antibióticos, consulta siempre con un profesional de la salud.
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