La investigación liderada por el Dr. Luis Manuel Barrera, junto con el Dr. Gilberto Mejía, Líder Médico de Trasplantes; la Dra. Daniela Sánchez, Epidemióloga Clínica y el Dr. Giancarlo Buitrago, Subdirector de Investigaciones, obtuvo el primer puesto de trabajos originales en Trasplantes, al evidenciar que la continuidad del cuidado después de un trasplante hepático puede incidir en la sobrevida y en los costos del sistema.
En un trasplante, la cirugía suele ocupar el centro de la atención pública. Es comprensible: representa un acto médico de alta complejidad, exige equipos altamente especializados y, en muchos casos, marca la diferencia entre vivir o morir. Pero una investigación liderada por el Dr. Luis Manuel Barrera pone el foco en una pregunta menos visible y profundamente relevante para el sistema de salud: ¿qué ocurre después del trasplante cuando el paciente es atendido por múltiples prestadores de salud durante el primer año?
El estudio, titulado “Asociación de la fragmentación de la atención en salud con la supervivencia y costos de atención a 3 años en pacientes trasplantados de hígado en Colombia”, fue reconocido con el primer puesto al mejor trabajo de investigación en el XIII Congreso Nacional de Trasplantes, realizado del 23 al 25 de abril. El reconocimiento se otorgó entre los trabajos presentados en las distintas modalidades del encuentro, incluyendo presentaciones orales y pósteres.
La relevancia del hallazgo está en su capacidad de traducir un problema organizacional en un desenlace clínico concreto. En pacientes trasplantados de hígado, la investigación encontró que quienes tuvieron una alta fragmentación de la atención —definida como haber sido atendidos en 12 o más instituciones durante el primer año posterior al trasplante— presentaron un 56% más riesgo de morir a tres años y generaron un 24% más costos para el sistema de salud.
El dato cambia la conversación. La fragmentación deja de ser una dificultad administrativa para convertirse en un factor de riesgo clínico potencialmente modificable.
“En pacientes trasplantados, la continuidad del cuidado es un determinante clínico. Cuando la atención se fragmenta, se pierde información clave, se dificulta la toma de decisiones y se incrementa el riesgo de complicaciones que pueden comprometer la vida del paciente”, explicó el Dr. Luis Manuel Barrera.
La investigación analizó datos administrativos del régimen contributivo en Colombia entre 2012 y 2018, con una población fuente cercana a 32 millones de personas. A partir de esa base, se identificaron 927 pacientes adultos trasplantados de hígado, a quienes se les hizo seguimiento durante tres años, integrando información de atención en salud con registros oficiales de mortalidad del RUAF.
El primer año posterior a un trasplante hepático es particularmente crítico. Durante ese periodo, los pacientes enfrentan riesgos asociados a la inmunosupresión sostenida, infecciones, complicaciones vasculares y rechazo del órgano. Por eso, el seguimiento clínico, la adherencia al tratamiento, la oportunidad en la detección de complicaciones y la coordinación entre equipos médicos son componentes esenciales del tratamiento, no actividades accesorias.
En ese contexto, la continuidad de la atención puede marcar una diferencia sustancial. Un paciente trasplantado no requiere únicamente controles aislados, sino un modelo capaz de conservar información clínica, anticipar riesgos, coordinar decisiones y responder con oportunidad ante cualquier cambio en su evolución.
El valor del estudio también está en su lectura para el sistema de salud. En un país donde la atención de alta complejidad suele atravesar múltiples actores, autorizaciones, remisiones y redes de prestación, esta investigación evidencia que la forma en que se organiza la atención puede ser tan determinante como el procedimiento médico inicial.
Desde una perspectiva de política pública, el hallazgo plantea una discusión urgente: integrar la atención no es solo una medida de eficiencia. En pacientes trasplantados, puede ser una decisión que incide directamente en la supervivencia.
La investigación también dialoga con evidencia previa en trasplante renal, donde la alta fragmentación se ha asociado con un incremento del 49% en el riesgo de mortalidad, lo que sugiere un patrón consistente en distintos tipos de trasplante.
Para los pacientes y sus familias, el mensaje es igualmente relevante. En medicina de alta complejidad, la continuidad del cuidado no es un detalle operativo ni una preferencia institucional: es una condición que puede influir en el pronóstico. Ser remitido de manera repetida entre múltiples instituciones puede dificultar la trazabilidad clínica, retrasar decisiones y aumentar la exposición a riesgos evitables.
La conclusión del estudio es clara: la fragmentación de la atención en pacientes trasplantados no solo incrementa los costos del sistema, también se asocia con un mayor riesgo de muerte. En trasplante hepático, operar bien es fundamental; cuidar de manera continua, coordinada y experta después de la cirugía puede ser igual de decisivo.
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