El uso de la tecnología en la infancia no se trata solo de limitar el tiempo frente a una pantalla. Implica acompañar su impacto en el desarrollo, el aprendizaje, el sueño y las relaciones.
El acceso a dispositivos digitales, como teléfonos celulares, tabletas y computadores, hace parte cada vez más temprano de la vida de niños y adolescentes. Sin embargo, que una herramienta sea accesible no significa que su uso sea adecuado para todas las edades, momentos o necesidades.
La tecnología puede facilitar el aprendizaje, la comunicación y el acceso a información, pero una exposición excesiva o poco acompañada puede desplazar actividades fundamentales durante la infancia, como dormir adecuadamente, jugar, realizar actividad física, interactuar con otras personas y desarrollar habilidades sociales.
Como explica la Dra. Martha Cecilia Piñeros Fernández, líder del Servicio de Neurología Pediátrica de LaCardio, “El manejo de la tecnología en la infancia no puede entenderse únicamente como acceso a dispositivos, sino como un proceso que impacta directamente el desarrollo cerebral, la forma de relacionarse y la construcción de hábitos a largo plazo”.
Por eso, más que preguntarnos si los niños deben utilizar tecnología, es necesario preguntarnos cómo acompañar ese uso para que sea seguro, equilibrado y acorde con su etapa de desarrollo.
¿Cómo puede afectar la tecnología al cerebro en desarrollo?
Durante los primeros años de vida se producen procesos fundamentales de maduración cerebral. En esta etapa, las experiencias del entorno contribuyen al desarrollo de habilidades como el lenguaje, la atención, la regulación emocional y las capacidades sociales.
A medida que los niños crecen, también continúan madurando áreas relacionadas con funciones ejecutivas como la planificación, el control de impulsos y la toma de decisiones.
Por eso, el impacto de las pantallas no debe analizarse únicamente por el número de minutos frente a ellas. También es importante considerar qué contenido consume el niño, con quién lo utiliza, en qué momento del día y qué actividades está desplazando.
Una exposición prolongada puede interferir, por ejemplo, con el sueño, la actividad física, el juego y las interacciones familiares. Estos factores son relevantes para un desarrollo saludable y deben formar parte de cualquier estrategia de acompañamiento digital.
Tecnología en la educación: ¿herramienta o distracción?
Las herramientas digitales pueden aportar oportunidades para el aprendizaje cuando tienen un propósito claro y están acompañadas por padres, cuidadores o docentes.
Las plataformas educativas pueden favorecer la exploración, la creatividad y el desarrollo de determinadas habilidades. Sin embargo, utilizar tecnología en el aula o en casa no garantiza por sí mismo mejores resultados académicos.
La calidad del contenido, la edad del niño, el propósito de la actividad y la mediación de un adulto son determinantes.
Por eso, la tecnología educativa debe complementar —y no reemplazar— experiencias esenciales como la lectura, el juego, la conversación, la experimentación y la interacción con otras personas.
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Un entorno digital también debe ser seguro
El acompañamiento no termina cuando se entrega un dispositivo.
Los niños y adolescentes pueden estar expuestos a contenidos inapropiados, desinformación, publicidad, contacto con desconocidos, prácticas de manipulación digital y riesgos relacionados con la privacidad.
En el caso de las redes sociales, además, la comparación constante con imágenes idealizadas puede influir en la percepción que algunos adolescentes tienen de sí mismos. Fenómenos como el FoMO (Fear of Missing Out), o miedo a perderse de experiencias que otros están viviendo, pueden favorecer una conexión constante y dificultar la desconexión.
Por eso, establecer límites y conversar sobre lo que ocurre en internet es tan importante como supervisar el tiempo de uso.
¿Qué riesgos puede tener la inteligencia artificial para niños y adolescentes?
Las herramientas de inteligencia artificial están incorporándose rápidamente a la vida cotidiana. Aunque pueden ofrecer oportunidades para aprender y resolver problemas, su uso por parte de menores requiere acompañamiento.
Uno de los principales riesgos es que un niño o adolescente pueda interpretar como verdadera una respuesta generada por una herramienta de IA, incluso cuando contiene información incorrecta.
También existen preocupaciones relacionadas con la privacidad, la exposición a contenidos inadecuados, la interacción con sistemas diseñados para generar respuestas altamente personalizadas y la posibilidad de desarrollar una dependencia excesiva de estas herramientas.
En temas relacionados con la salud, la recomendación es especialmente importante: una respuesta generada por inteligencia artificial no reemplaza la valoración de un profesional de la salud.
Alfabetización digital: una herramienta para cuidar
La alfabetización digital no consiste únicamente en aprender a utilizar dispositivos. También implica desarrollar la capacidad de buscar, comprender, analizar y evaluar críticamente la información que encontramos en internet.
Para padres y cuidadores, esto representa una herramienta de protección.
Conocer las plataformas que utilizan los hijos, comprender sus riesgos, establecer acuerdos familiares y mantener conversaciones abiertas permite pasar de una supervisión basada exclusivamente en restricciones a una mediación activa y consciente.
Los niños necesitan aprender progresivamente a tomar decisiones responsables en el entorno digital, pero durante las primeras etapas ese aprendizaje requiere del acompañamiento de los adultos.
¿Cómo lograr un uso saludable de la tecnología?
No existe una única regla que funcione para todos los niños. Las necesidades cambian según la edad, el desarrollo y las circunstancias de cada familia.
Sin embargo, algunas recomendaciones son fundamentales:
- Establecer momentos y espacios libres de pantallas, especialmente durante las comidas y antes de dormir.
- Priorizar el sueño, la actividad física, el juego y la interacción familiar.
- Seleccionar contenidos apropiados para la edad y con un propósito definido.
- Acompañar a los niños, especialmente cuando son pequeños, durante el uso de dispositivos.
- Conversar sobre privacidad, seguridad, contenidos y comportamiento en internet.
- Evitar que la tecnología sea la única estrategia para entretener, calmar o manejar las emociones.
- Enseñar a niños y adolescentes a cuestionar la información que encuentran en internet y en herramientas de inteligencia artificial.
La tecnología puede ser una herramienta valiosa para crecer, aprender y relacionarse. El reto no está en excluirla de la infancia, sino en integrarla de manera consciente, segura y equilibrada.
El cerebro en desarrollo necesita tecnología cuando aporta valor, pero también necesita aquello que ninguna pantalla puede sustituir: dormir, jugar, moverse, conversar, explorar y relacionarse.
En LaCardio acompañamos el desarrollo y la salud de niños y adolescentes desde una mirada integral, con conocimiento especializado y atención centrada en cada etapa de la vida.
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Este artículo fue redactado y aprobado por la Dra. Martha Cecilia Piñeros Fernández, líder del Servicio de Neurología Pediátrica de LaCardio.
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