Durante muchos años, las enfermedades cardiovasculares se asociaron casi exclusivamente con personas mayores. Sin embargo, hoy la realidad es diferente. Cada vez es más frecuente ver diagnósticos de hipertensión, infartos, arritmias o alteraciones del corazón en adultos jóvenes e incluso en personas menores de 40 años.
Las cifras más recientes siguen mostrando la magnitud del problema. La Organización Mundial de la Salud estima que las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo y que cerca de 19,8 millones de personas fallecieron por estas enfermedades. Además, la Federación Mundial del Corazón advierte que muchos de los factores de riesgo están aumentando en población joven, especialmente la obesidad, la hipertensión y la diabetes tipo 2.
En consulta, cada vez es más común encontrar jóvenes que creen que “todavía no están en edad” de preocuparse por su corazón. Pero el corazón también refleja hábitos, antecedentes familiares, niveles de estrés y condiciones que pueden desarrollarse silenciosamente durante años.
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¿Por qué está aumentando la enfermedad cardiovascular en jóvenes?
Uno de los principales motivos es que varios factores de riesgo están apareciendo cada vez más temprano. La hipertensión, el colesterol alto, el sedentarismo, la obesidad, la diabetes tipo 2 y el tabaquismo —incluyendo el uso de vapeadores— ya afectan a muchos jóvenes. De hecho, la Organización Panamericana de la Salud advierte que la baja actividad física aumenta entre un 20 % y un 30 % el riesgo de muerte prematura.
Además, existen condiciones hereditarias y enfermedades cardíacas que pueden pasar desapercibidas durante años, aumentando el riesgo de arritmias o infartos a edades tempranas. En las mujeres jóvenes, antecedentes como la preeclampsia o la diabetes gestacional también pueden convertirse en señales de alerta cardiovascular a futuro.
Señales de alerta que no deben normalizarse
Aunque algunos síntomas pueden parecer leves o pasajeros, hay señales que merecen evaluación médica:
- Dolor u opresión en el pecho.
- Falta de aire desproporcionada al esfuerzo.
- Palpitaciones frecuentes o sostenidas.
- Mareos o desmayos durante ejercicio.
- Sudor frío, náuseas o malestar inusual.
- Antecedentes familiares de infarto temprano o muerte súbita.
Muchas personas jóvenes minimizan estos síntomas o los relacionan únicamente con estrés, ansiedad o cansancio. Sin embargo, escuchar al cuerpo y consultar a tiempo puede hacer una gran diferencia.
La prevención comienza mucho antes de los síntomas
Prevenir no significa vivir con miedo, sino entender que el cuidado del corazón debe empezar desde temprano. Controlar la presión arterial, revisar el colesterol y mantener hábitos saludables puede marcar una gran diferencia a futuro.
La actividad física, el buen descanso, el manejo del estrés y una alimentación equilibrada siguen siendo pilares fundamentales para proteger la salud cardiovascular.
“Es importante no fumar ni vapear, hacer actividad física regular, tener una alimentación basada en frutas, verduras, granos integrales, leguminosas, fuentes magras de proteína y grasas saludables; y por supuesto un buen descanso y manejo del estrés”, compartió el Dr. Jorge Landazabal, Médico Especialista en Medicina Interna y Cardiología de LaCardio.
En LaCardio contamos con programas especializados en prevención cardiovascular, cardiología del deporte, riesgo hereditario y atención integral para pacientes jóvenes, con un enfoque que integra ciencia, innovación y acompañamiento humano.
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