Lo que tu hijo come hoy define su salud futura: comer no es igual a alimentarse ni nutrirse. No es cantidad, es calidad; y muchas veces, aun comiendo suficiente, falta nutrición.
Aunque no lo creas, las decisiones cotidianas frente a la alimentación pueden definir la salud de tu hijo no solo hoy, sino también en el futuro. En este contexto, es importante comprender que los términos comer, alimentarse y nutrirse no son equivalentes. Comer se refiere simplemente a ingerir alimentos; alimentarse implica seleccionar opciones con calidad nutricional; y nutrirse corresponde al proceso interno mediante el cual el organismo absorbe y utiliza los nutrientes.
Como lo explica el Dr. Jaime Céspedes, líder médico del hospital pediátrico de LaCardio: “No siempre que un niño come bien, está bien nutrido. La nutrición va más allá del plato: depende de la calidad de lo que consume y de cómo su cuerpo lo aprovecha para crecer y desarrollarse.”
Tu hijo puede estar comiendo… pero no estar bien nutrido
Hoy es cada vez más frecuente ver niños que comen suficiente, incluso en exceso, pero con deficiencias de vitaminas y minerales. A esto se le conoce como doble carga de malnutrición: cuando el sobrepeso convive con una mala nutrición.
Esto ocurre, en gran parte, porque muchos de los alimentos que consumen a diario son altos en calorías, pero bajos en nutrientes. Es decir, llenan, pero no nutren.
Por eso, una buena alimentación infantil no se trata de cuánto come un niño, sino de qué está comiendo.
¿Qué sí necesita un niño para nutrirse bien?
Una alimentación balanceada debe incluir:
- Frutas y verduras todos los días (idealmente 5 porciones).
- Proteínas de buena calidad como huevo, pollo, pescado o leguminosas.
- Lácteos o sus equivalentes, importantes para huesos y crecimiento.
- Cereales integrales que aportan energía sostenida.
- Grasas saludables como aguacate, nueces o aceite de oliva.
Y al mismo tiempo, limitar:
- Azúcares añadidos (gaseosas, jugos industriales, dulces).
- Exceso de sal.
- Grasas saturadas y productos ultraprocesados.
Todo empieza antes de lo que imaginamos
La nutrición no comienza cuando el niño se sienta a comer. Empieza desde el embarazo e incluso antes, influenciada por la salud de la madre, el entorno y los hábitos familiares.
En los primeros meses de vida, la alimentación define gran parte del desarrollo. En esta etapa, más que seguir horarios estrictos, se recomienda alimentar a los bebés cuando tienen hambre (alimentación a demanda), aprendiendo a reconocer señales tempranas antes del llanto.
Ni mucho, ni poco: el equilibrio es clave
Uno de los errores más comunes es no reconocer cuándo un niño ya está satisfecho. Esto puede llevar a sobrealimentación, especialmente con biberón, aumentando el riesgo de obesidad.
Pero también ocurre lo contrario: una ingesta insuficiente que puede afectar el crecimiento.
El estado nutricional no siempre se refleja solo en el peso. También puede verse en señales como:
- Cansancio frecuente
- Dificultad para concentrarse
- Infecciones repetidas
- Crecimiento más lento
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Cuando empiezan los sólidos, empiezan las decisiones
Alrededor de los seis meses inicia la alimentación complementaria. Métodos como el Baby-Led Weaning (BLW) han ganado popularidad porque promueven la autonomía del bebé.
Sin embargo, no todos los niños comen lo suficiente bajo este método, y algunos pueden dejar de consumir nutrientes clave como el hierro. Además, requiere supervisión constante para evitar riesgos. Más que seguir una tendencia, lo importante es adaptar la alimentación a cada niño.
A medida que crecen, el entorno influye más
En la infancia y la adolescencia, el mayor reto suele ser el entorno: disponibilidad de productos ultraprocesados, publicidad y hábitos familiares.
Muchos niños basan su alimentación en productos empacados ricos en azúcar, sal y grasas, pero pobres en nutrientes esenciales. Esto favorece el aumento de peso, pero no una buena nutrición.
Por eso, herramientas como el “plato saludable de la familia colombiana” ayudan a orientar mejor las decisiones: más alimentos frescos, más variedad y más equilibrio.
Debemos tener cuidado con lo que parece práctico
A la hora de elegir alimentos empacados, el etiquetado nutricional es clave. En Colombia, los sellos negros de advertencia indican exceso de azúcar, sal, grasas saturadas o edulcorantes. Son una forma rápida de identificar productos que deberían consumirse con moderación.
Muchos de estos ingredientes aparecen con otros nombres en las etiquetas, por lo que leerlas con atención puede marcar la diferencia.
Nutrir también es cuidar
La alimentación no solo sostiene el funcionamiento del cuerpo; también es un fenómeno social, cultural y ambiental. Por ello, es clave educar a las familias y hacer de la hora de la comida un espacio donde niños y cuidadores fortalezcan hábitos saludables, promoviendo una alimentación balanceada, diversa y consciente desde los primeros años de vida. Porque al final, no se trata solo de llenar el plato, sino de nutrir el presente y construir salud para el futuro.
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Este artículo fue redactado y aprobado por el Dr. Jaime Céspedes, Líder Médico del hospital pediátrico de LaCardio.
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