¿Has presentado cuadros recurrentes de dispepsia (digestión difícil), pirosis persistente o síntomas compatibles con gastritis? Aunque muchas veces se normalizan, estas manifestaciones clínicas pueden ser indicadores de un proceso inflamatorio sostenido. Esta condición no se limita a una disfunción del sistema digestivo; representa un estado de activación inmunológica crónica con repercusiones en todo el organismo, particularmente a nivel cardiovascular.
La inflamación es una respuesta natural del cuerpo para defenderse y sanar. El problema aparece cuando esa respuesta se mantiene activa durante meses o años. En el tracto gastrointestinal, esto puede ocurrir por infecciones persistentes, una alimentación inadecuada, estrés constante, consumo frecuente de alcohol, tabaco o el uso prolongado de ciertos medicamentos.
¿Qué pasa cuando la inflamación no se va?
Cuando tu sistema digestivo permanece inflamado de forma crónica, el cuerpo entra en un estado de alerta constante. Esto genera la liberación continua de sustancias inflamatorias que no se quedan solo en el tracto digestivo, sino que viajan por el torrente sanguíneo y afectan otros órganos.
Ahí es donde el corazón entra en escena. Esta inflamación sistémica favorece el daño de los vasos sanguíneos, altera el metabolismo y puede contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares como la hipertensión y la aterosclerosis.
“Hoy sabemos que el tracto gastrointestinal y el corazón están más conectados de lo que imaginamos. Una inflamación digestiva sostenida puede aumentar el riesgo cardiovascular si no se identifica y trata a tiempo”, explica el Dr. Ramón Medina, médico especialista en cardiología de LaCardio.
Señales que no deberías ignorar
La inflamación crónica gastrointestinal no siempre produce dolor intenso. Muchas veces se manifiesta con síntomas cotidianos: distensión abdominal frecuente, ardor, náuseas, digestiones lentas, sensación de llenura o cambios en el apetito. Cuando estos signos se repiten, no deberían normalizarse. Escuchar tu cuerpo es clave: lo que parece un simple malestar digestivo puede ser una señal temprana de un desequilibrio mayor a nivel sistémico.
¿Qué puedes hacer para proteger tu estómago y tu corazón?
El cuidado empieza por decisiones diarias. Optar por una alimentación más natural, rica en frutas, verduras, fibra y alimentos frescos, ayuda a reducir la inflamación. Disminuir el consumo de ultraprocesados, bebidas azucaradas y grasas saturadas también marca una diferencia real.
Manejar el estrés, dormir bien y moverte todos los días son aliados tanto para la salud digestiva como cardiovascular. Y, por supuesto, realizar chequeos médicos oportunos permite detectar a tiempo factores de riesgo y prevenir complicaciones.
En LaCardio creemos que cuidar el corazón es cuidar todo tu cuerpo. Entender la conexión entre el estómago y la salud cardiovascular es una forma de empoderarte y tomar decisiones informadas para vivir mejor, con bienestar y tranquilidad.
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