Hay historias que no se miden en años, sino en vidas acompañadas. La de Luz Marina Bustos, auxiliar de enfermería, es una de ellas. Tras 33 años de servicio en la Fundación Cardioinfantil – LaCardio, inicia su proceso de pensión con la satisfacción de haber entregado más de la mitad de su vida a una vocación que asumió con disciplina, compromiso y profundo sentido humano.
Una vida al servicio del cuidado
“Es más de la mitad de mi vida. Aquí hemos pasado momentos muy felices, muy tristes, de retos y de mucho aprendizaje. Siempre con el mismo propósito: dar lo mejor por nuestros pacientes y por nuestros compañeros”, afirma Luz Marina.
Inició su trayectoria en consulta externa de pediatría. Luego pasó por urgencias y más adelante por hemodinamia. El 9 de septiembre de 1994 hizo su primer turno en la recién inaugurada Unidad de Cuidado Intensivo Cardiovascular, marcando el inicio de una etapa que definiría buena parte de su camino profesional.
Fue testigo del crecimiento de un equipo que comenzó siendo pequeño y que hoy es sólido, estructurado y altamente especializado. Vivió la evolución tecnológica, la implementación de guías de manejo y la consolidación de procesos que hoy garantizan una atención segura, rigurosa y humana.
Crecer con la institución
A lo largo de estas tres décadas, Luz Marina no solo se desempeñó en el ámbito asistencial. También asumió responsabilidades administrativas, experiencia que le permitió comprender el cuidado desde dos perspectivas: la del contacto directo con el paciente y desde la gestión.
“En mi trayectoria acá en la institución, en tres palabras la podría resumir en conocimiento, compromiso y amor por lo que hago”, expresa. “Conocimiento porque aprendí muchísimo; compromiso porque asumí cada responsabilidad con honestidad; y amor porque siempre intenté hacer las cosas lo mejor posible, alineada con los valores institucionales y los valores que traía de casa”.
Para ella, ver crecer a LaCardio ha sido una de sus mayores satisfacciones. Reconoce los avances en tecnología, en formación del talento humano y en reconocimiento internacional, pero sobre todo destaca la cultura de trabajo en equipo que se respira en cada servicio.
El legado que permanece
Al preguntarle qué deja a las nuevas generaciones de enfermería, su mensaje es claro: “Debemos que hacer las cosas bien, con responsabilidad, respeto y conocimiento. Y nunca olvidar que cuando un equipo trabaja con un solo fin, los resultados se ven en la recuperación de nuestros pacientes”.
Hoy inicia su proceso de pensión con la tranquilidad de haber cumplido su propósito. Se despide con gratitud hacia sus padres, sus hijos y cada compañero que la acompañó en este camino.
Su historia demuestra que la excelencia no solo se construye con innovación y tecnología, sino con personas que deciden servir con disciplina, integridad y corazón.
Porque 33 años de entrega no se cierran: se convierten en legado.
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